Ritmos cósmicos y calendario agrícola

Los ciclos del sol, la luna, las estrellas... marcan en su rítmico discurrir, el paso del tiempo, el ritmo de las estaciones con días largos y de fuerte insolación seguidos de otros periodos de días cortos y escasa insolación. Los ciclos de la  luna con sus fases y movimientos, así como las posiciones de los planetas y estrellas, forman en su conjunto un sistema cíclico en el que se produce un perfecto ajuste con los procesos de la vida en los vegetales y animales.

Quien sería capaz de negar la influencia o relación de la luna en las mareas, los ciclos de las hembras, los partos, la caza, la pesca... pero también: en la poda de la vid, en las fermentaciones o clarificaciones de los vinos.

Tradicionalmente las civilizaciones agrarias han utilizado  las referencias del cosmos para configurar sus calendarios de trabajos, y ajustar estos a los mejores momentos de intervención. Ha sido mucho más recientemente que la agricultura industrial y la enología, reducida a la química, han desdeñado estos principios tachándolos de infundados.

La viña inscribe su ciclo perfecta y estrechamente vinculado al cósmico; la brotación, floración, maduración... no suceden porque si, sino que se ajustan a fases, periodos y posiciones precisas de las estrellas en el cosmos. De igual manera en la bodega, la elaboración de vinos y evolución posterior, no es  indiferente al momento cósmico, si no que se ve estrechamente vinculado e influido.

Como viticultores y elaboradores artesanos elegimos los momentos acordados a los ritmos, para orientar nuestro vino, en primer lugar a evitar toda trasgresión que abonos químicos o aditivos de bodega producen de desnaturalización, y en segundo lugar, como una fórmula de búsqueda de una tipicidad esencial y propia que corresponde a su origen y no a la tecnología. El resultado es un concepto de calidad, que no es fruto del “maquillaje”, sino que es manifestación de su esencia.
 
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