Pretendemos que nuestros vinos sean únicos y diferentes y para ello trabajamos en dos conceptos: mejora de la calidad natural, que implica un esfuerzo para que no haya aditamentos o desnaturalizaciones desde el cultivo a la elaboración; y utilización de procedimientos de elaboración tradicionales y en gran medida muy artesanales, que hacen a nuestros vinos distintos.
A través de la agricultura biológica y el uso de fertilizantes naturales, damos a los viñedos toda la capacidad de crecer rústicos y cargados de defensas, capaces por tanto de producir uvas con todos los principios incluidos aromas y sabores naturales.
Mediante el uso del Calendario Cósmico elegimos los mejores días según sus influencias, para los trabajos del viñedo y de bodega.
Lejos de una visión esotérica, y simplista, hacemos hincapié entre la vinculación del tiempo cósmico, las estaciones, sus ciclos, el clima que se deriva(o debiera derivarse) y el ciclo fisiológico del viñedo. Así como la vinculación entre los procesos de evolución del vino y su tiempo, de nuevo cósmico. No es casualidad que el vino se clasifique como joven, crianza, reserva… por más que estos nombres correspondan ahora a criterios comerciales.
De una forma sencilla, si trabajamos la viña y realizamos las labores de bodega en los momentos en que la luna está ante constelaciones de fuego-fruto o tierra-raíz, estamos potenciando los caracteres afrutados o del terruño en los vinos.
Lo más maravilloso de esta experiencia es verificar como los tiempos fisiológicos del viñedo y las secuencias de trabajo, se ajustan con gran precisión.
Afortunadamente aún nos quedan cosas por experimentar, reconocer y evolucionar para que al igual que los vinos son “vivos”, la percepción no sea “petrificada” por el marketing o las ideas preconcebidas.